
El auditorio estaba lleno, se respiraba entusiasmo. En el escenario, una joven ponente, referente en Inteligencia Artificial, caminaba con paso firme y sonrisa de quien domina el tema.
Dos figuras en la audiencia destacaban por su contraste.
Uno, con mirada encendida y libreta en mano: Tomás, CEO de una fintech en crecimiento.
El otro, con rostro sereno, bastón discreto y un pin del G20 en la solapa: Ernesto, CEO retirado, mentor de muchos, leyenda para algunos.
La charla comenzó con fuerza: casos de éxito, empresas revolucionadas, predicciones audaces.
– “La transformación del sector financiero no será posible sin compartir datos. Los que no lo hagan, quedarán fuera.”
Tomás aplaudía por dentro. “Exacto, hay que abrir todo y que la IA haga su magia.”
Ernesto entrecerró los ojos. No por escepticismo. Por precisión.
– “La IA es la llave. Pero el Open Data es la cerradura. Si no compartes, no avanzas.”
Risas. Aplausos. Tomás se sentía confirmado.
Pero Ernesto no aplaudía. Se reclinó ligeramente y murmuró para sí:
– “Una llave poderosa en una cerradura sin mecanismo interno… no abre nada.”
Al finalizar, Tomás buscó a Ernesto entre la gente. Lo admiraba. Lo respetaba.
– ¿Qué opinaste? – preguntó con la emoción de quien espera aprobación.
Ernesto sonrió, caminó unos pasos, y se detuvo frente a un cartel que decía: “El futuro está en los datos.”
– Te contaré una historia – dijo con calma – Cuando yo empezaba, un proveedor me vendió una plataforma con la promesa de que “lo haría todo sola”. No lo hizo. Porque no entendíamos el problema, ni sabíamos qué datos eran valiosos. No hay algoritmo que corrija una mala pregunta.
Tomás lo miró, pensativo.
– Lo importante – continuó Ernesto – no es si usas IA. Es si sabes para qué. Qué datos tienes. Qué decisiones vas a tomar con ella.
Y entonces, citó:
“Si la única herramienta que tienes es un martillo, todo empieza a parecerse a un clavo.”
– Abraham Maslow
Tomás bajó la mirada. No en derrota. En comprensión.
Ese día, no salió con respuestas. Salió con mejores preguntas. Y eso, a veces, es más valioso